Cuando una esponja se desgasta y parece haber cumplido su ciclo útil, el instinto común es tirarla. Sin embargo, esas esponjas que ya no sirven para lavar platos tienen un uso valioso en el jardín.
En lugar de desecharlas, puedes reutilizarlas de manera sostenible, dándoles una segunda oportunidad que beneficiará a tus plantas y al medio ambiente.
Colocar trozos de estas esponjas en el fondo de las macetas crea un sistema de reserva de agua excepcional. Este material poroso absorbe el exceso de humedad durante el riego y lo retiene.
Posteriormente, las raíces acceden a esta reserva durante los días calurosos, evitando la deshidratación y garantizando un crecimiento constante sin esfuerzo adicional de tu parte.
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