La flema se acumula en la garganta y el pecho, lo que los congestiona. El cuerpo usa tos y nariz para expulsar la flema y el moco. Las cantidades excesivas de flema ocurren en caso de resfriado, gripe, sinusitis e infecciones virales o bacterianas, así como debido a reacciones alérgicas como al asma, la fiebre del heno o las cuerdas vocales dañadas. En estos casos, las personas a menudo experimentan fiebre, debilidad, secreción nasal, tos constante y dificultad para respirar también. Si no se trata a tiempo, la flema puede provocar obstrucción de los bronquios e infecciones respiratorias secundarias. Mira el siguiente vídeo con toda la información!
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